JACK EL DESTRIPADOR COMO REFORMISTA: TEORIA IRONICA
Como un espíritu maligno y vengador ("Némesis de la negligencia") fue representado el criminal por la prensa contemporánea
El dramaturgo George Bernard Shaw postuló irónicamente la teoría del asesino reformista
El dramaturgo y escritor George Bernard Shaw, contemporáneo a los asesinatos de Jack el Destripador, apuntó, entre otros conceptos, en una carta dirigida al periódico Star publicada el 24 de septiembre de 1888: "...mientras nosotros convencionales Social Demócratas, desperdiciábamos nuestro tiempo en educación, agitación y organización (de las clases bajas) cierto genio independiente tomó el asunto en sus manos y mediante el simple asesinato y destripamientos de cuatro mujeres convirtió a la prensa propietaria en una forma inepta de comunismo...".
Shaw hablaba en broma, pero en el fondo no le faltaba alguna razón: lastimosamente tuvieron que acaecer aquellas espantosas muertes para que el pueblo y la sociedad británica se despertara, comprendiera la enorme gravedad del drama instalado en sus regiones marginales, y adoptase medidas de emergencia a fin de paliar tan desesperanzadora situación.
Ocurrió que la masacre cometida en el paupérrimo distrito de Whitechapel y sus aledaños por aquel psicópata victoriano -en tanto emprendió su matanza durante el otoño de 1888, en pleno reinado de la Reina Victoria- revistieron, paradojalmente, algún efecto positivo. Al menos sirvieron a modo de llamado de atención para el gobierno inglés de la época hacia los profundos problemas sociales existentes en el país por entonces más poderoso del mundo. Ello no se hubiera conseguido de no ser gracias a la intensa difusión mediática que se le confirió al asunto, y por la tremenda conmoción que esos luctuosos acontecimientos generaron.
Al poco tiempo, se formarían fundaciones benéficas para auxiliar a los sumergidos de los barrios bajos, y se aliviarían las condiciones miserables en que malvivían los pobladores de los suburbios pobres de la zona este de Londres, como el distrito de Whitechapel, donde tuvieron cabida los homicidios. Aún sin habérselo propuesto, Jack el Destripador logró sacudir poderosamente a la opinión pública, al punto de dejar al desnudo la miseria y promiscuidad reinante en los arrabales londinenses. Su tétrica irrupción en escena fomentó la noble labor que venían emprendiendo instituciones caritativas, como el Centro Comunitario de "Toynbee Hall" dirigido por el reverendo Samuel Barnett y su esposa.
Así sería como -de esa retorcida forma- el atroz criminal devino un reformador positivo de su sociedad o, al menos inconcientemente, cumplió con dicha función. Pese a que casi seguramente se trató de una noción errada, la hipótesis de un "Jack reformista" contó con sus adeptos desde el inicio y la prensa no se tomó precisamente a broma los comentarios irónicos del dramaturgo.
De tal manera, por ejemplo, el fallecido escritor estadounidense Tom Cullen, en su muy documentado libro "Otoño de Terror", inicialmente publicado en el año 1964, presenta al Ripper fungiendo en el rol de enajenado reformista de su comunidad cuando expresa>. "...qué mejor escenario paa sus crímenes que el East End de Londres, suponiendo que desease despertar la conciencia pública con respecto a la injusticia social... ¿Qué medio mejor para provocar el horror que enfrentar a tales multitudes con manchas de sangre aún no secas sobre la calzada?... opino que la evidencia interna del caso indica el empleo de losa sesinatos como un medio de protesta social. La prueba radicaría en la reforma que los asesinatos pudieron traer consigo..." (Otoño del Terror, Editorial Ultramar, Barcelona, españa, 1993, pp. 234.).
También la autora Judit Walkowitz en su ensayo "La ciudad de las pasiones terribles",ediciones Cátedra,Valencia, España, 1992, pp.428 se hace eco de la teoría reformista, al contar una anécdota que, de ser verídica, apuntala esa tesis. Según parece, una desapacible noche de otoño de 1888 una honesta madre de familia se vio obligada a internarse por las callejuelas del distrito rumbo al Hospital de Londres, sito en corazón de Whitechapel -y en cuyos alrededores ya se habían consumado algunos homicidios- a fin de obtener medicinas para su marido enfermo. A mitad de camino la señora fue interceptada por un individuo de recia constitución física y aspecto respetable quien: "...después de interrogarla sobre el tipo de emergencia médica que la forzaba a salir de su casa, el hombre misterioso se había dado cuenta de que era "pobre" pero "honrada" y la había dejado ir. A la mañana siguiente se encontró el cuerpo mutilado de una prostituta a unos doscientos metros de distancia..."
Incluso reputados científicos de aquel momento, por caso el médico psiquiatra Forbes Winslow, propusieron que el victimario actuaba movido por una religiosidad enfermiza. Este alinenista victoriano estimaba que el matador constituía: "...un desorientado con dogmáticas convicciones religiosas creído de estar llamado a cumplir en la tierra un destino aniquilador (de prostitutas) asignado por Dios...", y así se lo manifestó a la prensa.
Pero parece muy claro, no obstante, que las razones del asesino no eran altruistas. Aunque la desconcertante compulsión que lo llevaba a matar una y otra vez continúa siendo objeto de polémica hasta nuestros días, ciertamente habría que descartar cualquier interés moral detrás de sus destructivos actos.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por comunicarse con Gabriel Pombo.